Enviado por Jose el Lun, 20/04/2015 - 11:11
Dirección | Servicios profesionales |  Lunes 20 Abril 2015

Hay ya mucho tiempo corría una explicación sobre porqué el ancho de los cohetes que se lanzaban al espacio tenía el tamaño que tenía. Era una elucubración sobre los trenes, el ancho de las vías y las calzadas romanas, y en resumidas cuentas afirmaba que los cohetes eran como eran porque los romanos diseñaron las carreteras como lo hicieron. No se si esta historia es cierta, pero es bastante obvio que nuestra cultura no nació ayer y llevamos unos cuantos millones de años dando vueltas por este pálido punto azul.

Hemos pasado de tener tantos dioses como fenómenos inexplicables a tener solo tres o cuatro que se pelean por el trono -dejando a parte a los asiáticos que siempre han ido a su bola- De ser homosexuales sin complejos en la antigua Grecia -más o menos- para quemarlos en la hoguera para volver a aceptar -más o menos- que cada tiene las preferencias que tiene. De considerar que las brujas no solo son malas, sino que además ha de tener una verruga considerablemente fea, a convertirlas en consejeras de confianza de muchos líderes mundiales. De tomar fumar opio como si no hubiera un mañana y de forma legal, a perseguir casi todo tipo de drogas -tabaco, alcohol y telebasura están exentos. De volvernos locos por las mujeres que tenían michelines a mujeres que no darían sabor a un caldo por mucho que las hirvieras durante horas.

También es cierto que en toda nuestra historia hemos tenido momentos menos relevantes, pero si intelectualmente curiosos, esos pequeños zigzageos que son más bien moda que cambios éticos y morales: pantalones de elefante, comidas de doce platos, las hombreras. No sabría si incluir en esta lista la desagradable costumbre comer espárragos con cuchillo y tenedor porque cuanto más me quejo, más personas veo haciéndolo -obviamente me estoy haciendo viejuno.

Aunque podemos discutir largo y tendido, y me ofrezco a ello sin reparos ni cortapisas si pagáis el café, sobre que fenómenos entrarían en moda, cuales en costumbres y cuales en moral, lo cierto es que no hay muchas variables que parmanezcan constantes, lo cual es obvio, una variable no puede ser constante -cosas de la matemática- Pero si creo que las que tienen relación con la propia estructura biológica del ser humano son las que menos han evolucionado: reproducción, alimentación, socializar, organización, roles, comunicación… puede que la tecnología hayan afectado a la rapidez y efectividad de las mismas, pero seguimos necesitando el mismo estímulo que siglos atrás.

Los que lleváis gafas de pasta me diréis, esto ya lo dijo Maslow, pero estoy seguro que también dijo un café con leche y un croissant cuando desayunaba y seguro que no vais de bar en bar incordiando a la gente que lo pide. 

Volviendo al tema, el caso es que toda esta moda -porque para mi es un moda- de emprender, de ser disruptivo, asertivo, resliente, usar un iPhone y tener un perro pulgoso no es nada más que eso, un entrenimiento pasajero y que pocos proyectos aguantarán el paso del tiempo a no ser que aporten mejoras en los aspectos básicos y necesarios de la vida. Y aceptando este hecho, tampoco se les garantiza la supervivencia porque siempre puede surgir otro competidor que lo ofrezca, quizás no mejor pero si gratis.

Hablando de gratis, este es otro de los conceptos que son interesante.s A día de hoy estamos acostumbrados a usar productos en su formato freemium, que traducido al cristiano consiste en no pagar. Lo vemos en la mayoría de servicios de internet, y lo más divertido es que hemos exportado este concepto a cualquier ámbito, para que voy a pagar si puedo llevármelo grátis: libros, música, películas. Es una pequeña tradición de la humanidad el intentar obtener el resultado del esfuerzo de otros a base de no pagar con excusas pasajeras: es muy caro, no se sabe adaptar a mercado, las razas caucásicas no seres humanos y otras variantes todavía más psicopatológicas. Los piratas ingleses robaban el oro español que nosotros robábamos a los nativos de América del Sur, que a su vez se robaban entre ellos. Eso sí, todo bien regadito de sangre y mutilaciones y vísceras. Y ahora ocurre exactamente lo mismo con la ventaja que censuran las imágenes desagradables -las guerras venden, siempre y cuando no salgan muertos- y usamos técnicas más sofisticadas para robar sin que se note tanto, sobornar funcionarios, provocar golpes de estados, cambios de legislación y cualquier otra opción que pueda servir a nuestro propósito. El caso es no pagar un duro.

Con lo que la reflexión es, crea algo que sea un apoyo en la moral y que no pueda ser robado. Quizás lo ideal sea hacerte intermediario y robar a terceros para revenderlo a unos cuartos -puro estilo intermediación como hacen algunos- y sobretodo, intentar gozar de las simpatías del Rey, que en nuestros tiempos sería la prensa, los líderes de opinión, y sobretodo Belén Esteban.

Película: The Savage Innocents

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