Enviado por Jose el Lun, 14/10/2013 - 12:12
El branding es necesario: Joshua Bell
Marketing | Servicios profesionales |  Lunes 14 Octubre 2013

Suelo ser bastante crítico con algunos conceptos de marketing como branding, awarness y similares, creo que el producto es la base fundamental para edificar cualquier negocio, no siempre es fácil, no siempre se puede hacer basándose solo en el producto, pero sin duda, sin él no hay negocio. Pero tiendo a poner demasiada fe en las personas y me olvido que no siempre la lógica guía nuestras decisiones, de hecho, la mayoría de decisiones que tomamos no tienen ningún tipo de lógica.

Supongo que casi nadie conoce a Joshua Bell, yo reconozco que no tenía ni idea de quién era hasta el año 2011, de hecho podría haberme sentado al lado suyo e ignorarlo sin ningún tipo de rubor. Pero dado que estos últimos días ha salido una noticia sobre Banksy, he pensado que era apropiado escribir al respecto, y que mejor que remontarse a los orígenes de todo esto, el bueno de Joshua Bell.

El caso de Joshua, creo que ya es hora de que lo empecemos a tutear, era un experimento para medir el nivel cultural de Washinton. Como los científicos suelen ser unas personas bastante divertidas y con un sentido del humor bastante retorcido, su mejor idea fue escoger a uno de los mejores violinistas del mundo y ponerlo a tocar en el metro como un perroflauta cualquiera. La idea es que si la gente tenía sensibilidad se pararía y le daría unos dólares federales de las reservas estatales. Para vergüenza de la ciudad, los científicos y la propia ciudad, de unas mil personas que pasaron delante suyo, veintisiete le dieron monedillas y solo cinco se pararon más de cinco minutos a escucharlo. La parte retorcida del experimento es que esta misma persona, el día anterior, ofreció un concierto en el que cada entrada costaba unos cien dólares.

Banksy, que supongo que no había oído hablar de este experimento o pensaba que eso a él no le podía pasar, intentó hacer algo similar. Puso una parada callejera para vender sus obras de arte por cuarenta dólares, obras por las que se pueden llegar a pagar más de lo que cuesta tu piso. El resultado fue también deprimente porque solo vendió unas diez piezas. 

Está claro que por muy bueno que fueran sus productos, no había branding ni marketing ni nada que les respaldara, eran ellos mismos sin más parafernalia. El resultado es dramático por la crueldad, sin una buena imagen ya podías tener un buen producto que la gente te va ignorar.

Entre risas por lo que había pasado y sollozos por como somos las personas, me acordé de dos documentales sobre este tema, Exit Through The Gift Shop y Who The Fuck is Jason Pollock. El primero muestra el ascenso al Olimpo de los famosos sin más aval que el crédito que le daban los medios, y obviando las críticas y desprecios de todo el resto de artistas. El segundo es el caso de un cuadro que según un médico forense está pintado por Jason Pollock, pero que los padrinos del mundo del arte, sin ningún fundamento científico y basándose en su propia percepción dicen que es de un imitador, ¿la diferencia?, unos sesenta mil euros entre una valoración y otra.

El caso es que mi percepción de que el branding es una tontería sigue resistiéndose, pero que ya tiene demasiadas grietas y poco a poco tendré que empezar a aceptar que en determinadas circunstancias, el manipular a los medios para que sean favorables es algo que es casi ya una obligación si quieres llegar a un mercado más amplio y más rápido.

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