Enviado por Jose el Mar, 14/06/2016 - 12:12
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Dirección | Gestión de Empresas |  Martes 14 Junio 2016

Uno de los trabajos más importantes de todo CEO que se precie es saber a dónde quieres ir y sobretodo, en donde estás en cada momento. Has de ser consciente de que peso tienes en el mercado, tu competencia, tu tamaño, tus proveedores, que capacidades tienes para negociar y cuanto puedes forzar tu posición en el caso de tenerlas.

Sumada a esta capacidad de tener una visión global, es importante añadir una característica fundamental que es tomar decisiones. Dicho así parece sencillo, tomar decisiones, ¿que el señor quiere carne o pescado?, ¿o quizás le gustaría más un iPhone o un Android?, no estoy hablando de estas tonterías sino de decisiones del día a día que sumadas, lleven a la empresa al destino que se tenía fijado en el plan estratégico.

Estas decisiones no son fáciles de tomar y muchas veces no parece que estemos decidiendo nada importante, ¿vamos con este proveedor o con el otro?, ¿apostamos por asentar el mercado o nos expandimos?, ¿mejoramos el producto o eliminamos bugs?

Cada una de estas decisiones se ha de tomar sin tener toda la información, en un intervalo de tiempo corto y cada vez que escogemos un camino estamos renunciando y limitando nuestras capacidades de elección. Esta presión ante el equivocarse y el no poder rectificar hace que muchos directivos se entierren en informes, estudios y análisis y queden paralizados ante la imposibilidad de tomar decisiones. Este estilo se caracteriza por dejar morir a los problemas, de que el refrán el tiempo lo cura todo y confían que al final los planes siempre salgan bien.

Este tipo de gestión lleva a toda la empresa a una parálisis, a un estado de latencia y letargo que suele acabar con la quiebra y el señor finiquito visitando a todos y cada uno de los empleados para desearles buena suerte.

Si por un casual la presión para decidir fuera insostenible, uno de los trucos más habituales que usan este tipo de perfiles es la de crear problemas falsos y elevarlos a la categoría de urgente e importante al mismo tiempo. Son problemas que no preocupan a nadie, no afectan para nada, pero se convierten en el día a día de la empresa y tener a todos ocupados buscando una solución que no importa a nadie, no solventa nada y no hace que se avance. Esta estrategia tiene la ventaja de que el creador del problema ya tiene una solución de antemano y la suele mostrar en el momento más crítico, que suele ser cuando todos corremos como gallinas descabezadas, para aparecer como el salvador y que todavía retiene un poco de la magia que le llevo a ser directivo.

Un directivo ha de tomar decisiones y ha de ser consciente de que quizás se equivoque, pero no puede dejar pasar el tiempo. Día a día ha de decidir que camino se ha de tomar, que prioridades se han de ejecutar, verificar que se han ejecutado y definir el plan de acción para el día siguiente. Y esta verdad, es todavía más patente en las start-ups donde un día equivale a una semana de una PYME y el día a día es tan cambiante que puedes estar desfasado y en liquidación en menos de un mes.

Ciertamente no es trabajo para cobardes ni pusilánimes, has que tener las cosas muy claras, saber aunar voluntades para resistir la zozobra a la que nos somete el mercado de forma constante y tener claras las prioridades y saber orientar el rumbo de las decisiones para estar alineado, no con sus intereses, sino con los intereses de la empresa y de los trabajadores.

Otra característica que ha de ir ligada al ser capaz de decidir es el ser capaz de rectificar. El ser consciente de que nos hemos equivocado, reconocerlo, explicarlo y hacerlo de forma rápida para que el daño sea el menor posible es parte del trabajo que han de gestionar. No sirve de nada decidir sino aceptamos y enmendamos nuestros errores y los de nuestro equipo.

Y del mismo modo que un CEO en una empresa ha de decidir, nosotros también tenemos el mismo trabajo, quizás en un ámbito más pequeño, más íntimo, pero hemos de decidir que queremos hacer con nuestra vida, a dónde queremos llegar, que queremos ser, que camino tomamos y a cual renunciamos, ser capaces de entusiasmarnos con una idea y ser capaces de aceptar que nos equivocamos, rectificar y encontrar otro camino que nos vuelva a motivar.

Ciertamente, ser directivo no es un trabajo fácil, pero tampoco es sencillo ser alguien digno de ser llamado ser humano y todos tenemos en nuestra mano la posibilidad de serlo, simplemente hace falta que trabajemos para conseguirlo. Unos llevarán empresas a la cúspide de su área y otros serán las antorchas que iluminarán el camino de sus amigos, y ninguna de las dos es más importante que la otra, simplemente son formas distintas de ser alguien que deja una marca en este mundo para que los que vengan puedan inspirarse en nuestras acciones para llevarnos un poco más cerca de tener un planeta mejor.

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