Enviado por Jose el Sáb, 22/08/2015 - 11:11
Diferenciar el grano de la paja
Marketing | Información |  Sábado 22 Agosto 2015

Hay una gran diferencia entre ser el mejor y ser percibido como el mejor. Otro punto fundamental es saber definir que es eso a lo que llamamos el mejor. Si usamos un símil balompédico, quizás tu equipo de fútbol necesita suplir una vacante y estás dispuesto a pagar lo que te pidan, y te dicen que los mejores futbolistas son Messi o Ronaldo y como tienes liquidez vas y los fichas. El problema lo tienes cuando te das cuenta que el puesto que necesitabas cubrir era el del portero, con lo que ninguno de los dos fichajes te sirve para solucionar tu problema, y para colmo de males, seguramente te crea otro. 

Entiendo como el mejor el que ofrece la solución óptima para tus necesidades específicas en un momento determinado, y en el ejemplo del fútbol, el mejor no sería ninguna de las botas de oro, sino un buen portero -como no tengo ni idea de este deporte no sabría decirte quién es el mejor cancerbero-

En el mundo de los negocios también nos enfrentamos con esta matriz, purgar entre todos los que tienen el aura de ser los mejores y encontrar quién es realmente el mejor y definir que significa ser el mejor para nuestras propias necesidades. 

Otro punto que juega en contra de esta selección es el efecto de protección que otorgan ciertas marcas para los directivos que las contratan. Si optas como Google como correo corporativo y tiene un fallo de funcionamiento te puedes excusar es has contratado a los mejores y seguramente toda la junta estaría de acuerdo, con lo que estaría a salvo de cualquier intento de reproducción del medievo en tus nalgas. Ahora bien, si has contratado a la que realmente se adapta a tus necesidades y tiene un fallo de funcionamiento, como no tenga el aura de ser la mejor, ya puede encomendarse a todos los santos.

Acepto que no todos estarán de acuerdo con mi punto de vista, que si tu empresa sale de las primeras en Google y tiene una buena aceptación en las redes sociales -vamos, que personas que puede que sean clientes tuyos o puede que no, hablen bien de ti- seguramente es que eres bueno. Quizás si, quizás tengan razón, pero vamos por partes.

Google, el SEM y el santísimo algorítmo. Ser primeros en Google no tiene nada que ver con tu calidad, simplemente es conocer como funciona el sistema y usarlo a tu favor. Crear webs que se indexen bien en el buscador, la palabras claves adecuadas, con la densidad adecuada, construir enlaces internos que sean relevantes, buscar links externos de webs con cierto prestigio, y siguiendo los consejos de los que saben, es posible aparecer el primero sin ser necesariamente de las cien mejores opciones.

Respecto a las redes sociales, están bien, conoces gente y te haces unas risas, pero como criterio para definir la calidad de una empresa es más que discutible. Pueden ser útiles para medir la calidad del trato con el cliente, la percepción de merca y quizás, la satisfacción con el producto, pero de ahí a extrapolar que es la mejor opción dista un abismo. De hecho, hay estudios -sigo sin internet y no puedo buscar el informe- que demuestran que la percepción de calidad en los médicos no tiene nada que ver con su capacidad como tales, sino en el trato que perciben sus posibles clientes. Es más, en EEUU médicos los más simpáticos son los que reciben menos demandas a pesar de ser en muchos casos peores doctores que los más serios pero mejor preparados.

Así que volvemos al origen de la pregunta, como seleccionamos al mejor, al que mejor se adapta a nuestras necesidades sin caer en las trampas de la imagen, la percepción o la protección del directivo. 

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