Enviado por Jose el Jue, 24/07/2014 - 10:10
Dirección | Comercio al por menor |  Jueves 24 Julio 2014

Dicen que vender es como un juego de seducción, quizás es por eso que la gente que he conocido en mi vida y que se han dedicado a esta profesión, siempre han tenido bastante más éxito en los avatares azarosos de la vida amorosa. Yo no me puedo contar entre ellos, yo no he sido nunca un gran vendedor -con lo que ya adivinas la inversa de la ecuación- pero he sido confidente de ellos y ellas en muchas fases de la negociación, aquí llamada, seducción. Con esta experiencia, y dado que soy bastante alto, he podido  ver como se ejecutaban las operaciones de seducción y hacerme una idea de que conceptos son importantes a la hora de incrementar los resultados.

La lista que os voy a pasar es sencilla son diez puntos que para un observador como yo y como actor más en el lado del cliente que el de vendedor, creo que ayudarán a llegar a esa fase donde puedes cerrar el trato.

  1. Quiérete. Esta es la primera y la más importante. Si tu no te quieres, te respetas y te valoras, no esperes que el cliente lo haga por ti. El sentirse seguro con uno mismo se proyecta en el tono de voz, la posición del cuerpo, y lo más importante, sonreirás más y eso derriba más muros que mucha teoría sobre negociación.
  2. No me seas andrajoso. Vístete bien, ponte corbata, ponte lo que tengas que ponerte, pero no ve vengas con la camisa mal planchada, zapatos sucios, y mal afeitado. Si, es solo imagen y tu vendes un producto pero no me seas mentecato, arreglare un poco. Si tienes la mala suerte de no ser agraciado, más razón para vestirte como dios manda. 
  3. Callate, no seas pesado. A veces, os aprendéis el listado de cualidades de vuestra cartera de productos y no dejáis hablar. Por el amor de dios, callare y no quieras darme una solución a cada frase que digo. Cuando acabe, ya podrás hablar, pero no me interrumpas cada dos por tres.
  4. Hazme sentir importante. Soy consciente de que eres un comercial y seguramente vas a comisión, pero al menos hazme sentir que te preocupan mis problemas. Consuélame, dame opciones, dime que el mundo a tu lado va a ser maravilloso. Yo se que mientes, tu sabes que mientes, pero para que vamos a romper la magia del momento.
  5. Háblame en mi idioma. A veces me cuesta reconocerlo, pero por muy inteligente que sea, no lo se todo, y como empieces a soltarme un discurso sobre las sutiles ventajas de tu producto en una jerga que desconozco harás que me sienta imbécil, y a mi no es que me motive sentirme así, y dudo mucho que el resto de tus potenciales clientes les haga ilusión. Mueve tu nivel de conversación al nivel que yo puedo manejar, no te pases de listo y no me seas condescendiente.
  6. No me hables de mis ex, y no me preguntes por mis pretendientes. Ahora somos tu y yo, hablar mal de personas que no están el sala, y con los que he podido tener alguna relación es algo que es de mal gusto. Quizás, si a mi me da por insultarles por el mal servicio, no aproveches la ocasión para dejarlos peor, es de ser rastrero y personalmente, te coloca a su misma altura.
  7. Dame soluciones, no me digas que hay un problema. Si ves que lo que necesito es imposible, construye una alterativa o varias y explícamelas, pero por el amor de dios, no me digas que no se puede. Puedes decirme que se puede hacer pero que es caro, o que llevará tiempo, pero no me digas que no.
  8. Descubre si quiero tener una noche loca o me apetece construir una relación a largo plazo. Son dos conceptos distintos y que necesitan aproximaciones distintas. Quizás, puede que una lleve a la otra, pero has de descubrirlo, no te voy a dar todas las pistas.
  9. Dime algo que me haga confiar en ti. Mira, estoy hablando contigo y ya tengo proveedores, es como si les engañara, dime algo de ti que haga que confíe en que no me has mentido o que solo estás aquí por mi cuenta corriente.
  10. Cerrar el trato. Este es mi punto maldito, y como nunca he sabido como hacerlo, tampoco voy a dármelas de listo y explicarte como se hace, así que este punto es como si no existiera. Si, te he mentido, no son diez, son nueve, pero que conste que lo he hecho porque quería sentarme contigo y explicarte mi experiencia.

Por último, quiero dar las gracias a Mónica Mendoza por aconsejarme a la hora de elaborar este post, los errores que podáis encontrar son míos pero los aciertos son exclusivamente suyos, que para eso es una experta en este ámbito.

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