Enviado por Jose el Vie, 06/05/2016 - 12:12
La tecnología está bien pero las personas son más interesantes
I+D, Tecnología | Gestión de Empresas |  Viernes, Mayo 6, 2016 - 12:12

Cada vez estoy más convencido que el diablo tiene el mejor departamento de marketing que existe. Nos e que estrategia sigue, si posicionamiento en buscadores, que si linkbuilding o quizás ha contratado a un equipo de incubos y súcubos expertos en Growth Hacking. Puede ser que también tengan en su nómina a los mejores influencers, pero sea como sea, tienen un ratio de conversión que supera de largo el triste pop-up que todos nos hemos instalado para captar leads. La triste verdad es que a pesar de que a nivel general todos compartimos ciertos principios éticos, al final todos se apuntan para recibir el boletín con los trucos y novedades del averno.

Que debe estar pasando por nuestra cabeza tenemos en nuestras manos el poder de enriquecernos, o de seducir a alguien a quién no debemos, o de evitar pagar impuestos. Cual será la endorfina que segregamos para adormecer la conciencia y que nuestro ello campe a sus anchas haciendo y deshaciendo a su antojo.

Todos sabemos que es de buena educación y de buena persona ceder el asiento a las personas mayores, embarazadas o gente que tenga algún tipo de lesión, pero cada mañana veo que esto no suele suceder. Con suerte, es posible que alguien se levante para ceder el asiento pero la mayoría se dedica a disimular con ahínco, ya sea mirando al suelo o toqueteando el móvil. Supongo que el beneficio de estar sentado cuatro paradas más es más alto que la mirada de desaprobación de su conciencia, en el caso de que exista. Y este es un pequeño ejemplo de actitudes diarias que puedes ver, y otras tantas que ni te das cuenta porque eres tu mismo el que cae en ellas como pedir facturas sin IVA, no respetar un paso de cebra, saltarse la cola del súper.

Si damos un salto cualitativo y fijamos la vista en conductas más pecuniarias el tema se convierte en casi escandaloso. Consejeros delegados de bancos que creen que el apalancamiento es tumbarse en el sofá con una cerveza fresquita y cobrando salarios de cinco ceros. Galenos recetando fórmulas magistrales que tienen las mismas propiedades curativas que golpearse con una piedra pómez en el occipital, pero con la salvedad de que el fabricante le paga un curso fundamental para su formación: submarinismo en el mar rojo y las algas tróficas (lo de las algas lo pusieron para disimular un poco).

Supongo que el sistema de balances y contrabalances, o dicho en castellano antiguo, la colleja que te comes por saltarte la ley, está absolutamente roto. Llega un punto en el que es absolutamente rentable saltarse los principios éticos, y lo peor de todo, legales sobre los que una sociedad se gestiona. El objetivo ya no es saltarse la ley para obtener pingües beneficios, sino hacerlo a lo grande para pasar de ser el problema a la solución, como dijo aquel si debes cien mil euros al banco tienes un problema pero si debes cien millones es el banco el que tiene el problema.

Pero más allá de la inoperancia de la justicia y de la ley, que podemos achacarlo a que el poder judicial no es independiente, que no tiene medios y cualquier frase que podáis haber escuchado en las tertulias de pacotilla que se escupen por las radios de nuestro país, lo que si me tiene fascinado es la sociedad.

Imaginaros el caso, alguien roba a manos llenas, le pillan, no devuelve lo robado y al final le cae una condena de esas que más que una condena parece un cachondeo. El resultado es que el interfecto se queda con toda lo que había robado y a los dos días está en la calle. ¿Que hace la sociedad?, o mejor dicho, ¿que hacen sus amigos?. Supongo que al principio ponen tierra por el medio por eso del que dirán, pero me apuesto lo que queráis que en menos de lo que canta un gallo, vuelven a estar todos juntos y tan amigos.

En serio, hay gente que son amigos de estas personas, no hay reproches, no hay marginación, ni estigmas, ni nada, a lo más algún chiste de con lo que te has llevado ya podrías comprar champagne en vez de cava, cuando los invitan a sus fiestas. La presión social ha desparecido, gente que ha robado con las dos manos, que ha tenido comportamientos claramente delictivos campan a sus anchas, rodeados de sus amigos, y sin que nadie de su entorno se rasgue las vestiduras por la ignominia que esto representa.

Con lo que la recompensa a día de hoy, por eso me extraña mucho que no hayan robado más todavía, que tal y como estamos no tengamos a más personas eludiendo impuestos, chantajeando a empresas y todo tipo de pillerías. Y quizás por este detalle, todavía no he perdido la esperanza en el ser humano,

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