Enviado por anorta el Mié, 21/09/2022 - 17:27
El éxito tiene muchos padres y el fracaso es huérfano
Dirección | Administración Pública |  Miércoles 21 Septiembre 2022

Durante toda mi vida laboral me ha tocado vivir diferentes tipos de gestión, estilos directivos y filosofías de management pero en todas las ocasiones y en todos los momentos, una verdad siempre ha estado presente, emergiendo como una certeza autoevidente que no necesitaba explicarse.

Lamentablemente, tanto para la empresa como para los trabajadores, a veces surgen teorías y corrientes que intentar cambiar el funcionamiento natural del ser humano desde un punto de vista psicológico como de como nos comportamos de sociedad aplicando unos nuevos valores.

No condeno el intento, es bueno querer evolucionar y ser cada día un poco mejor, ser simplemente un 1% mejor persona, trabajador o ser humano cada día nos puede llevar muy lejos como individuos y como sociedad. Pero si estoy totalmente en contra de usar la ideología o el pensamiento mágico de aplicar valores no necesariamente compartidos, no necesariamente comunes y que en la mayoría de las veces, son más una consecuencia que un objetivo en si mismo.

Por otra parte, obviar todo lo que se conoce sobre el ser humano y de la sociedad, y esconder bajo la alfombra el conocimiento que nos brinda la historia y la sociología, me parece una actitud de necios y poco ajustada a la realidad que nos toca vivir.

El intentar forzar la realidad para imponer una visión usando argumentos circulares es una demostración de ceguera. Pero esto no acaba aquí, como son conscientes de que la realidad no solo va a ignorar sus deseos sino que los contradecirá, el crear entornos, revistas, premios o asociaciones -todas ellas sin ánimo de lucro- para resaltar las virtudes de sus ideas usando de nuevo argumentos basados en ideología más que en datos, y usar estas asociaciones y revistas como base científica, no indica la perversión intelectual sino también la maldad de querer imponerse a toda cosa.

Uno de los ejemplos que más claro demuestra de lo que estoy hablando es el concepto de estructura matricial, donde tienes más de un responsable por área, donde todos los proyectos son colaborativos y no existe una figura que decida sino que se confía en la inteligencia colectiva.

Este sistema de gestión está condenado al fracaso de la manera más absoluta y sin ningún tipo de paños calientes. En la vida real, en cualquier entorno natural sometido a competición, se necesita una persona, con autoridad sería lo ideal, que sea capaz de aunar voluntades, que sea inclusivo y empático, pero sin duda alguna, que sea la responsable final del proyecto, tarea, departamento o lo que sea.

Porque si todo funciona, seguro que la gente se sentirá participe y responsable del logro, pero en el minuto cero que las cosas no funcionan, todos abandonarán el barco, evitarán responsabilidades y va a fracasar estrepitosamente porque nadie es el responsable de su éxito y menos de su fracaso.

Para ser sincero, si que he visto funcionar este tipo de estructura, y es en la administración pública. Un entorno donde no es importante que los proyectos funcionen porque por muy mal que funcione todo, siempre podrán enterrar más dinero, contratar a más gente y en último caso, subir impuestos para cubrir la falta de liderazgo y responsabilidad. Vamos, todavía me estoy recuperando del susto cuando un trabajador en el sector público me aseguro que la de inteligencia colectiva consigue que los problemas se vayan resolviendo… luego leí que su proyecto llevaba más de 5 años de retraso un desfase presupuestario que me da vergüenza hasta a mi publicarlo.

En resumen, si alguien os ha convencido de que esto de las estructuras matriciales es lo mejor desde la invención de las croquetas, hacer un aparte y nombrar un responsable que será el responsable del fracaso del proyecto si este ocurre. También estaría bien darle el poder y la autoridad sino queréis que dimita a los dos días de ser nombrado.

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