Europa encara el invierno con las reservas de gas más bajas en diez años

El reto del modelo energético

Rusia tiene la llave energética si las condiciones meteorológicas recrudecen

Europa encara el invierno con las reservas de gas más bajas en diez años
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El próximo otoño puede ser muy caliente para la factura energética de los europeos. Todavía faltan unas semanas para que llegue el frío pero los europeos no se encuentran en las mejores condiciones. Según las cifras oficiales de octubre, las reservas de gas en Europa están en el nivel más bajo de la última década, con una capacidad cercana al 75%, cuando en promedio antes de la covid el porcentaje se situaba en el 90%. El Viejo Continente está en una situación tensa desde el punto de vista de almacenaje.

El próximo otoño puede ser muy caliente para la factura energética de los europeos. Todavía faltan unas semanas para que llegue el frío pero los europeos no se encuentran en las mejores condiciones. Según las cifras oficiales de octubre, las reservas de gas en Europa están en el nivel más bajo de la última década, con una capacidad cercana al 75%, cuando en promedio antes de la covid el porcentaje se situaba en el 90%. El Viejo Continente está en una situación tensa desde el punto de vista de almacenaje.

El próximo otoño puede ser muy caliente para la factura energética de los europeos. Todavía faltan unas semanas para que llegue el frío pero los europeos no se encuentran en las mejores condiciones. Según las cifras oficiales de octubre, las reservas de gas en Europa están en el nivel más bajo de la última década, con una capacidad cercana al 75%, cuando en promedio antes de la covid el porcentaje se situaba en el 90%. El Viejo Continente está en una situación tensa desde el punto de vista de almacenaje.

Una instalación de la firma rusa

 Gazprom Andrey Rudakov / Bloomberg

La pregunta que muchos se hacen es si, en estos niveles, Europa tendrá recursos suficientes para encarar la temporada invernal cuando acostumbran a subir los consumos para la calefacción.

reserva gas UE-01

 

La respuesta no está clara. Porque parte de ella está en manos de la meteorología. “Si el invierno es muy frío, mi temor es que no habrá recursos suficientes para calentar algunos lugares de Europa. No será una recesión, pero tocará las vidas de todos”, dijo Amos Hochstein, consejero para la seguridad de la Casa Blanca.

Mismo discurso vale para Asia, que es el otro consumidor voraz de gas. Si hiciera más frío que de costumbre allí también, Europa se quedaría entre dos fuegos. Es lo que señalaba Massimo di Odoardo, vicepresidente de la consultora Wood Mackenzie: “Un invierno frío en Europa, combinado con uno en Asia llevaría las reservas europeas a cero, con lo que no habrá gas disponible para satisfacer la demanda, a no ser que Rusia añadiera más capacidad”. En este escenario, el analista energético John Kemp advierte que “las existencias estarían agotadas en primavera, con lo que los cortes de suministro serían inevitables”.

Las existencias están cerca del 75% de capacidad, cuando los niveles habituales son del 90%

Llegados a este punto, la dependencia de Europa (que importa el 90% del gas) se centra en gran parte en Rusia. Y, una vez más volvemos a la meteorología. ¿Qué pasará si el invierno recrudece en Moscú? ¿Los rusos privilegiarán el consumo interno en lugar de las exportaciones?

La puesta en marcha del gasoducto Nord Stream 2 que une Rusia y Alemania todavía puede tardar meses antes de entrar en funcionamiento a la espera de autorizaciones burocráticas y cuando esté operativo tal vez sea demasiado tarde con el florecer de la primavera. En todo caso, tan solo podría llegar a cubrir la mitad de las necesidades europeas.

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Piergiorgio M. Sandri
A man walks with a dog in front of residential buildings in Novaya Chara - the settlement housing the Udokan copper company office - in eastern Siberia's Zabaikalsky region on September 28, 2021. - In 1949, a Soviet expedition in Siberia was searching for uranium to supply the national nuclear arsenal when it stumbled across a vast copper deposit. More than 70 years later, a mining complex in Russia's Far East between Lake Baikal and the Pacific Ocean is due to launch operations next year. With copper key to world's energy transition away from carbon, the mine's hope it will be a boon for Russia and beyond. (Photo by Natalia KOLESNIKOVA / AFP)

Por otra parte, Gazprom, que es el gigante del sector ya está produciendo al máximo en diez años y los flujos que deberían pasar por Ucrania son mínimos, por cuestiones políticas. Así que el margen es estrecho.

Una posibilidad sería que Europa intensificara las compras del gas licuado (GNL) que se transporta por barco. Según un informe de Shell, la demanda de GNL se duplicará hasta 700 millones de toneladas para el 2040. Pero aquí entra en juego Asia, liderada por China, que está dispuesta a pagar lo que sea para que los buques amarren en su zona. Por efecto de esta subasta, los precios se han duplicado con el resultado de que el gas natural licuado se va a otro continente en lugar de parar en Europa.

Una opción es incrementar las compras de gas licuado pero China paga lo que sea

Otra opción para Bruselas, como sugería España, es valorar la posibilidad de una compra conjunta de gas por parte de los europeos para ganar músculo. No obstante esta vía abre otras cuestiones espinosas. ¿Cómo se va a repartir el gas una vez que los buques llegaran a Europa? ¿Quién construye y dónde se ubica el depósito común de las reservas? ¿Quién tiene acceso? Son muchos interrogantes y ponerse de acuerdo es difícil.

Carlos Solé socio responsable de Economics & Regulation de KPMG España explica que “el gas va a seguir teniendo un peso importante en el mix energético en la próxima década mientras se ponga en marcha la descarbonización. Los datos apuntan que la mitad de la demanda en los próximos años procederá de Asia con lo que si Europa quiere asegurarse el suministro tendrá que competir en el mercado internacional”.

El problema es que el mercado está desequilibrado con cuellos de botella. Todo el mundo quiere gas ahora: los ciudadanos para calentarse, las industrias para absorber el repunte de la demanda poscovid y las firmas energéticas que tienen que buscar recursos ante el progresivo abandono del carbón por exigencias medioambientales. El resultado es que los precios del gas este año en Europa en promedio se han disparado un 350%.

Por lo tanto, estamos ante un fenómeno global y estructural. Desde el lado de la oferta, con la pandemia, muchas empresas dejaron de invertir dinero en la extracción de gas. De hecho, en EE.UU. el tema de las reservas (y de la producción) está mucho mejor, pero Washington ya ha dicho que espera que los norteamericanos paguen en la factura un 50% más respecto al invierno anterior.

La compra conjunta que se discute en Bruselas plantea muchos obstáculos prácticos

Asimismo, la transición energética ha puesto la puntilla a la situación. Aunque varios organismos internacionales (la IEA) niegan las relaciones, fuentes del sector admiten que los ambiciosos límites fijados por los europeos para la reducción de las emisiones “no han medido bien los efectos ni calculado los tiempos”, ya que “el 80% del consumo primario energético todavía procede de fósiles y las energía de las renovables no se puede almacenar”.

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