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Y volvimos a piratear
Imagen de Jose Salgado

El dia que deje de aprender sera el dia que empiece a envejecer, quizas esta sea la razon por la que me gustan los retos.

Oferta y demanda[1], este es el mantra que cualquier sistema basado en el capitalismo repite como base fundamental de su filosofía. Si hay demanda se creará oferta. Sea cual sea tu producto, si hay un grupo de personas lo suficientemente grande que esté dispuesto a pagar por tu producto tienes mercado.

Una de las lecciones que hemos aprendido es que la demanda no tiene muchos reparos con los temas legales, si el imperio de la ley fuera argumente suficiente creo que haría mucho tiempo que no tendríamos problemas de narcotráfico. Al estar penado, y muy severamente, el tráfico de estupefacientes la demanda y también la oferta se lo pensarían dos veces antes de verse enfrentado con ese monstruo de cien cabezas que es la administración, que vive, respira y existe sólo para controlar la mente y el bolsillo de los que se supone que sirve.

Si hacemos un poco de memoria nos acordaremos de otro frase que a mi se me quedó grabada: Series Yonkis[2] ha hecho más por el aprendizaje de inglés que todas las academias juntas. Era una época dónde el poder de los usuarios estaba limitado al mando a distancia, y este, supeditado al criterio de los programadores de televisión.

En una era donde internet comenzaba su explosión social, dónde los programas para intercambiar ficheros aparecían uno de tras de otro sin cesar, las información sobre series, películas y contenidos que no existían en nuestro país comenzó a crear una necesidad que nadie podía satisfacer. Hablábamos de Netflix, HBO y de todas esas series maravillosas que nunca podíamos disfrutar, o si llegaba por casualidad a manos de alguna cadena de este país, quedaba relegada a unas franjas horarias más dignas de Nosferatu.

Los pobres usuarios, no teníamos las series que veíamos premiadas y si por casualidad nos enterábamos de que una televisión la estaba emitiendo no podías recurrir a lo que ahora es algo común, ir a la web y verlas en streaming. Ante esta necesidad -que podríamos discutir si ver series o películas es una necesidad[3]- surgió un método alternativo, las webs de descargas y derivados.

Podemos poner románticos, pero la realidad es que estábamos robando a productoras, distribuidoras, actores, directores, guionistas y un largo etcétera y lo justificamos con un argumento bastante sólido: yo pagaría si Netflix operara en mi país. Y con este argumento saciamos nuestra sed de cultura y aumentamos el lucro cesante de estas empresas.

Pero el tiempo y la lógica de incrementar beneficios que acompaña a todas las empresas obró el milagro, el streaming comenzó a llegar a nuestro país. Poco a poco la piratería bajo a unos niveles más aceptables[4] para los CFOs y CLO. El pueblo emuló a Johnny y en vez de fusil sacó su cartera y se abonó a estas plataformas. El negocio funcionaba y la gente contenta.

En este mercado en auge era cuestión de tiempo que surgiera competición, a Netflix y HBO se sumó Amazon, luego vino Hulu, ahora Disney quiere tener su propio sistema y controlar end to end su producto, y si faltaba gente, Apple también quiere entrar[5].

En este punto hay un problema importante, no todas tienen el catálogo suficiente para poder competir y las que poseen los derechos de las series e iconos más importante comienzan a cerrar el grifo a sus competidores[6]: Starwars, Marvel, etc… El resultado es que la oferta se fragmenta cada vez más y para poder disfrutar de todas las series que te gusta no es suficiente con estar dado de alta en una sola empresa.

El pobre usuario que quería pagar ahora ve que no solo necesita más de una cadena para las series, sino que también el problema se extiende a los deportes. Si quieres ver las competiciones importantes de varios deportes o todas las competiciones de un mismo deporte, te toca abonarte. Hemos pasado de pagar diez euros a tener que abonar cerca de cuarenta euros para disfrutar lo que antes hacía con la mitad.

Que ocurre cuando uno no puede conseguir lo que es una necesidad según el ministerio de cultura, que lo consigue por otra vía, y de nuevo, vemos como la piratería vuelve a incrementarse con la consiguiente alegría de los expertos en propiedad intelectual. Se han vuelto a lanzar las campañas[7] para amedrentar a los usuarios y en breve volveremos a ver informes sobre las enormes pérdidas que estamos causando a la industria.

Entiendo que piratear es robar, no me cabe duda la respecto, pero del mismo modo creo que el acceso a la cultura debería de ser universal. En este dilema es donde deberíamos de trabajar, ¿como ofrecemos cultura y elevamos el nivel de nuestra sociedad a la vez que remuneramos adecuadamente a los creadores?. Tengo claro que incrementar las barreras de acceso no funciona, el crear muros para que socavar la competencia tampoco.

Quizás, y puede que esto sea una locura, plantear algo como royalties. Dar acceso a todas las plataformas a todos los contenidos a cambio de un fee por visión. No se si técnicamente es factible, pero estoy convencido que las que están dispuestos a pagar, dejaría de piratear.

Es obvio que hay un sector de población que no tienen problemas en piratear, que no otorgan ningún tipo de valor al crear una producción, ya sea audiovisual, escrita o fotocopiada. Son de los que el concepto de artista, en su versión de crear algo contenidos inspiradores, no tiene valor intrínseco, a diferencia de un bocadillo de jamón o un móvil de última generación.

No obstante, este dilema tendrá que ser resuelto pronto y comenzar una caza de brujas dudo que sea la solución.

Película[8]


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